Bogotá grita: “No al metro elevado”

 

Por Andrés Felipe Ruíz

ACN

Luego del anuncio hecho entre el Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, y el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en el que se aprobó de manera definitiva la construcción de un metro elevado para la capital del país; muchos ciudadanos de la ciudad, expertos y medios de comunicación, pusieron el grito en el cielo, porque creen que la opción de construir un metro totalmente elevado es un ‘antojo’ del alcalde, y que la propuesta de la administración Petro, es muchísimo mejor para la ciudad.

En un debate llevado a cabo el 21 de septiembre en la Universidad Central, con el plebiscito como tema principal, el concejal de Bogotá Hollman Morris, aprovechó la ocasión para dejarle un ‘recadito’ al actual alcalde de la ciudad afirmando que “Nosotros le entregamos al alcalde los estudios y el presupuesto, 4 billones que pone el Distrito, más los otros millones que pone el Gobierno Nacional, le dimos todo y le dijimos ‘hágalo’; pero de un momento a otro, de un sobrero mágico, Peñalosa dijo mejor vamos a hacer metro elevado, eso es botar recursos; yo no creo que Bogotá vaya a tener metro con Peñalosa”.

Por otra parte, Aula y Asfalto consultó a Johan Avendaño, docente, geógrafo y experto en territorio, desarrollo y sociedad; quien nos afirmó que el gran problema de la propuesta de metro elevado de la alcaldía actual es que “no está documentada, no hay estudios ni un soporte técnico desde ningún punto de vista que permita verificar que es la mejor opción para la ciudad, parece más un capricho político del alcalde de querer borrar el trabajo de la administración anterior”.

Otro de los problemas que preocupa a la ciudadanía, y de los cuales el mismo Enrique Peñalosa se quejó en algún momento, es la generación de zonas oscuras que traerían consigo los 30 kilómetros de puentes que pasarán por la avenida Caracas; dichos espacios pueden ser potenciales viviendas para habitantes de calle, y un caldo de cultivo para aumentar la inseguridad que, de por sí, ya tiene tan azotada la ciudad.

“Hay estudios mundiales que afirman que los metros elevados configuran de manera negativa el entorno donde están las estaciones: quitan visibilidad, quitan claridad, se convierten en focos de inseguridad, hay que hacer una muy grande inversión en compra de predios porque las estaciones son muy anchas; desde este punto de vista, es muy difícil llevarlo a cabo”, afirma Avendaño, quien ha estudiado de manera rigurosa lo planteado por la alcaldía y se opone rotundamente.

De igual manera, salimos a la calle a preguntarle a los ciudadanos del común qué pensaba respecto a lo que ya está aprobado por parte de la Alcaldía y el Gobierno; la zona común entre los consultados fue: “lo más probable es que el invento termine como Transmilenio”. En la ciudadanía hay más vacíos que certezas respecto al proyecto que comenzará en 2018 y tendrá final, según el papel, en 2022.
En el mismo debate llevado a cabo en la Universidad Central, la concejala Ángela Garzón, sentenció que “el metro no es un tema de ideología política, es una vergüenza que Bogotá, una ciudad de más de ocho millones de habitantes, no tenga metro, cuando ciudades como Ciudad de Panamá o San Juan de Puerto Rico ya cuentan con uno”.

El sistema se planea integrado con Transmilenio, SITP y el nuevo Metrocable que bajará desde Ciudad Bolívar, pero el experto en movilidad consultado por Aula y Asfalto, Johan Avendaño, nuevamente afirma que encuentra un error grandísimo en este plan: “parece que la intención es poner a competir dos sistemas de transporte al mismo tiempo, esto puede implicar una grave afectación en los recursos de sostenibilidad del sistema porque la gente va a preferir entonces uno de los dos, así hablaríamos de un detrimento patrimonial público; es como si yo pusiera en mi casa dos panaderías, una en el primer piso y otra en el segundo, es imposible que esto se mantenga. No hay estudios que evidencien que la gente realmente hará uso de estos sistemas”.

La inconformidad de la ciudad con el actual servicio de transporte masivo ha llevado a un escepticismo con el nuevo plan del alcalde, quien fue justamente el que implementó el actual sistema de troncales y articulados rojos. Es de la creencia de la ciudadanía que los intereses económicos personales del burgomaestre y de sus socios priman sobre el bienestar de la ciudad y su necesidad de un nuevo sistema de transporte que realmente supla de manera eficiente y eficaz los problemas de movilidad de la ciudad; ya que, como afirmó Morris, “no se trata de tener metro, se trata de tener el mejor metro posible para la ciudad”.

 

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